jueves, 4 de agosto de 2011

ESTA NOCHE

La noche me tomó por sorpresa en sus brazos, en sus fríos y traicioneros brazos. Por primera vez sentí miedo; un escalofrío recorrió mi cuerpo y fue entonces cuando vi la oscuridad, la negra oscuridad de la negra noche...

Después de tantos gritos, reclamos, llantos, preguntas sin respuestas y tantas pero tantas ofensas, todo quedó en silencio, en uno tan sospechoso que me hizo desconfiar. Tumbado sobre la cama mirando el cielo raso de mi habitación hice una pregunta al viento: ¿qué hago aquí?... Nadie respondió.

Luego del miedo llegó la sensación de soledad y supe entonces que siempre la he sentido. Y así, miedo y soledad se unieron para hacer de mis nervios un volcán que explotó en desesperación. Las lágrimas que derramaron mis ojos fueron como lava ardiente de dolor que terminó por consumir parte de mí.

No pude ver la luz; todo lo que me había guiado se marchó, sólo quedaron los fantasmas del pasado que aprovechan cada ocasión para atormentarme. Y llegan también los demonios causando espanto e intentando apoderarse de mis pensamientos, de mi esencia, de mis actos... Y ya no soy yo.

Esta noche ya no soy yo, me he ido, me he perdido en el oscuro pasado, en el turbio futuro, en el incierto presente, en el engañoso tiempo, en el doloroso llanto, en los esquizofrénicos pensamientos, en la noche fría, en la cruel soledad...

Que a nadie cause asombro si de repente me quedo inmóvil, mirando a la nada, sollozando, maldiciendo, intentando ahogarme con mis sentimientos y pensamientos que al final de cuentas son mis demonios y mis fantasmas, mis actos, mis instintos y mis remordimientos...

Culpable soy, aunque no lo acepte, de dejarme caer, de renunciar a todo, de no querer luchar más, de dormir largas horas deseando hacerlo para siempre, de pretender borrar mi memoria, olvidarlo todo y recomenzar lejos, bien lejos de aquí, donde nadie sepa de mí, donde no sea necesario existir.

Esta noche, cuando abrí mis ojos, seguí viendo oscuridad y comprendí entonces que no volveré a ver luz alguna que ilumine aunque sea una pequeña esperanza, algún sendero por el cual guiarme. Mi destino ahora es caminar eternamente cegado por mis sentimientos y pensamientos, mis actos, mis instintos y mis remordimientos... En fin, cegado por mis demonios y mis fantasmas. Esta noche me he abandonado.

Esta noche, será la última noche en la que haya pensado...

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