martes, 21 de junio de 2016

Adelante

El reloj ahora va en reversa y sin embargo nada cambiará, no habrá manera de corregir lo que por derecho le corresponde al tiempo.

Llegan los fantasmas disfrazados de recuerdos, objetos, canciones, miedos, dudas, risas, llantos, suspiros, fotografías, promesas incumplidas... ¡Fantasmas!

Los malos días son el producto nefasto de haberlo dado todo cuando se debía guardar reserva; ahora queda el desgaste inútil que dejan las ilusiones perdidas, el tiempo perdido, la felicidad desdibujada, el puño cerrado que empieza a hacer daño, acumulando sangre... Pero ahora la sangre es fría, ahora se congela todo, se blinda contra cualquier manifestación estúpida de mentiras. Cuerpo congelado, inerte, existente solamente en lo hostil de un cuarto oscuro.

¡Adelante, adelante! El abismo espera ansioso para atraparnos; no queda más remedio que dejarnos caer, saltar al vacío, a la soledad eterna que quiso esconderse en compañías falsas.

domingo, 28 de febrero de 2016

La trascendencia del ser

¿Qué pasa realmente cuando una persona muere? Llantos, canciones nostálgicas, rezos, reencuentros forzados, palabras, abrazos sinceros y otros por cortesía, acompañamientos honestos y otros por cumplimientos, lágrimas, sonrisas, gente, soledad y de nuevo más gente.

Sin embargo, pareciera que la trascendencia del ser, tanto de quien ha fallecido como de los que quedamos aún en este plano, no llega a consolidarse. Hay culpabilidad, negación de la realidad, aferro a la vida corporal.

La trascendencia del ser es igual a la trascendencia del universo: nada en el universo muere, solamente se transforma, deja de ser algo para convertirse en otra cosa pero conservando su esencia pura.

Esa misma trascendencia del universo es la del ser; no tenemos que luchar por ganar el paraíso ni rezar pidiendo misericordia por el alma de quien fallece ni mucho menos pedir luz, pues ya ese ser ha trascendido y se ha convertido precisamente en luz, en energía, en alimento del universo.

Nada ni nadie deja de existir. Somos materia, partículas del universo y nuestra misión es y será siempre seguir contribuyendo al ciclo vital: ser energía pura.

martes, 15 de diciembre de 2015

Fiebre

Mi cuerpo está quemándose por las mil revoluciones que da el cerebro. En la noche silenciosa, llena de ecos, de tic tac de relojes olvidados en un cajón, de canciones llenas de recuerdos y añoranzas de un pasado lindo y también tormentoso.

A lo lejos se escuchan truenos, la temperatura sigue disminuyendo, pero el calor corporal aumenta y de ti solamente existen las fotografías. Sonreías, brillabas, me mirabas, me amabas...

Tus fotografías, son de esos tesoros que cada persona quiere guardar celosamente por el resto de su vida y aún después de muerto seguir cuidando. ¿Para qué cuidar tan mal tesoro? Para al menos conservar el consuelo de que alguna vez lo hecho valió la pena.

Entre foto y foto te fuiste alejando, una vez cerca y de a poco más lejos, más allá que acá, más en vano que real, más fantasma que persona, más amistad que amor, más indiferencia que apoyo, más egoísmo que altruismo, más recuerdos hechos canciones.

El temblor ha llegado, el calor aumenta hasta el punto máximo y entonces mi mente estalla y se eleva surcando lo irreal, las fantasías, los sueños, lo incomprensible, lo abstracto... Mi vida misma.

¡Ahora todo es mejor!

domingo, 30 de noviembre de 2014

Grito enmudecido

Saber tantas cosas y de repente un día ver cómo todo lo conocido se derrumba, pierde sentido y se desvanece su valor de realidad...

Toda la vida es una historia falsa, adornada de fantasía y cuentos mágicos. Cuando llegan los porqués y luego las respuestas, el panorama es aterrador; un telón negro que cubre todo y te muestra cruentamente la nueva realidad.

Hablar es inútil, aún lo es más gritar. En medio de tanto silencio sólo se escucha un corazón que late, débil, muy débil. Un leve sollozo también logra percibirse; todo muy adentro, muy suave, perceptible sólo en mi mundo particular.

Afuera, en cambio, ruidos sórdidos, algarabía descomunal y explosiones feroces que reflejan todo lo que el mundo es y lo que yo nunca he sido.

Adentro, una caja que hace tic toc de manera dolorosa, una mente que se retuerce de miedo y angustia, una voz que canta tristemente, una oscuridad espesa, una llamada perdida, un mensaje sin leer...

Extiendo mis brazos como quien está a punto de recibir un fuerte abrazo, pero sólo toco aire, vacío, nada. Empiezo a susurrar palabras y es mi mente quien responde, quien aconseja mal. Entonces pienso que es mejor callar.

¿Callar para qué? Para lo mismo que sirve gritar: para nada. Se acrecientan los ruidos afuera, se turban los silencios adentro y al final queda una mezcla de todo y nada.

Queda todo el dolor, todo el llanto, todo el deseo de huir. Queda nada del silencio, nada de paz, nada de alegría; queda ninguna compañía, ninguna luz, ninguna palabra. Queda todo afuera, queda nada adentro.

Desde adentro viene entonces un grito, uno que se ahoga a medio camino convirtiéndose en un suspiro de dolor. Lo llamo un grito enmudecido porque lo dice todo y nada, porque sale de muy adentro pero afuera se pierde. Su mensaje no es escuchado por nadie; ya no existe, fue efímero.

¡Grito! ¡Grito cada vez más fuerte! y así todo, afuera y adentro, forman entonces una misma algarabía descomunal.

La diferencia es que mis gritos siguen siendo enmudecidos y terminan en suspiros...


martes, 14 de enero de 2014

Cuida de mí

Cuida de mí, porque me tienes en tus manos.

Cuida de mí, porque estoy ilusionado, apretando mis labios deseando tu beso.

Cuida de mí, porque soy débil ante el brillo de tus ojos y la calidez de tu sonrisa.

Cuida de mí, porque tu abrazo me lleva a la locura.

Cuida de mí, porque podría matar o morir por ti en un acto heroico.

Cuida de mí, porque eres a quien quiero y deseo para compartir lo místico y lo real de tu silencio cuando me miras.

Cuida de mí, porque soy yo en ti cuando te sueño.

Cuida de mí en las noches, porque serán cómplices de todo el amor que quiero entregarte.

Cuida de mí en los días, porque serán eternos y brillarán para nosotros.

Cuida de mí en las penas y alegrías, porque en todo momento necesitaré de ti.

Cuida de mí aún en la distancia, porque así podré tenerte siempre presente.

Cuida de mí, desde hoy y hasta siempre.

Cuida de mí, porque yo prometo cuidar de ti, cuidar de los dos, cuidarlo todo. Y cuando estemos más allá de lo desconocido, prometo cuidar nuestras almas para que nunca olvidemos que en verdad nos amamos.



jueves, 6 de junio de 2013

Eres

Eres mi sueño alcanzado, los labios que he besado de verdad.

Eres mis pensamientos, mi vida, mi tiempo. Todo tuyo soy.

Eres mi imposible, lo inalcanzable, lo mundano y lo sagrado.

Eres mi pecado, mi fiebre, mi sustento y mi deseo.

Eres espiritualidad, luz en oscuridad, olvido en tiempos de amar.

Eres alegría, tristeza y llanto.

Eres canto, anhelo, abrazo, calma, resignación.

Eres ausencia, sabiduría, orgullo, dulzura, nobleza, soledad.

Eres mi mundo, lo que amo, lo que soy, lo que deseo, lo que no podré tener.

Eres todo, todo eso eres, aunque ya no eres para mí.

Pues hoy, además de todo, eres sólo un recuerdo…

miércoles, 5 de junio de 2013

Llegaste tú

Llegaste tú y contigo la esperanza, la ilusión, el amor, la verdad, la bendición, la luz, el perdón.

Llegaste tú y contigo la angustia, el dolor, el desamor, el olvido, la muerte.

Llegaste tú y contigo la confusión, la oscuridad, el abandono.

Llegaste tú y contigo lo eterno, lo sublime, lo mágico, lo cómico, lo insólito, lo increíble, lo imposible.

Llegaste tú y contigo los caminos que juntos recorrimos. Llegaste tú y contigo la separación de mi pasado y mi presente.

Llegaste tú y te convertiste en mi futuro, en la vida misma que no podré vivir si algún día faltas; como hoy, que no estás. 

Aunque sé que llegaste tú para estar, quedarte, por siempre.

Eternamente llegaste tú...

martes, 4 de junio de 2013

Tu nombre es importante


Tu nombre es importante, tanto, que quedó grabado en mi memoria desde el primer día que lo mencionaste.

Te bauticé amor mío, para siempre. Por eso tu nombre es importante. Lo he escrito en todas partes, con tinta, con sangre, con risas, con llanto, con pudor y desespero.

Tu nombre es importante, pero hoy parece ausente; olvidado en la distancia, en el silencio, en la indiferencia.

Tu nombre es importante. Siempre sabe atravesarse en mi mente con fuerza, tanta, que hiere letalmente. No sé a dónde te has ido, en dónde te has escondido; pero tu nombre sigue siendo mío.

Tu nombre es importante, por eso hoy saldré a buscarte, a renombrarte como el amor de mi vida. Te diré que te amo con desespero; te mostraré que no hay camino que nos separe, pues nuestras vidas se volvieron una desde el instante en que te llamé amor mío.

Tu nombre es importante, aunque yo ya no te importe. Aunque nunca te vuelva a ver y te desdibujes con el tiempo, siempre te amaré como amo tu nombre que para mí será siempre importante.

Aunque yo ya no te importe y hayas lapidado mi amor, seguiré pensándote, esperando tu regreso, no importa que sea eterno.

Tu nombre será importante más allá de la muerte, el cielo o el infierno. Tu nombre será por siempre mío. Al menos déjame quedarme con él y así no sabrás más de mí.

Tu nombre es importante, aunque tú y yo estemos muertos.

lunes, 20 de mayo de 2013

Prisionero

Los días van pasando y yo me siento prisionero del tiempo, la rutina, la soledad, el silencio…

Soy prisionero de un amor ausente, un amor que no es amor. Soy prisionero de la distancia, cada vez más larga. Soy prisionero de mis dudas que se convierten en un monstruo despiadado. Soy prisionero de los recuerdos que has dejado tras tu partida.

El sol se ha ocultado, ya no sale, ya no brilla. Lo mismo ocurrió con tu mirada, se apagó, dejaste de mirarme, de brillar conmigo. Ahora te has convertido en mi delirio, en mi carga más pesada, en mi condena más cara, en mi desgano. Pero también eres mi esperanza, mi única esperanza.

Las noches han sido tristes, solitarias, lamentadas. Mi casa, mi cuerpo, mi mente, hasta mi propio corazón, se han convertido en mi cárcel voluntaria. Paso horas pensando, recordando, sintiendo, añorando, soñando, deseando, dándome golpes contra la realidad.

He perdido todo lo que tuve alguna vez, no hay nada más que pueda perder. Ya no soy libre, ya no soy amado, tu amado. Ya no soy cuerdo, ni sereno, ni alegre, ni pleno… Ya no soy yo. Mi rostro se ha desfigurado, mis sueños son ahora pesadillas, mi presente es una tormenta descomunal, mi pasado son fantasmas que vienen y van, que no desaparecen nunca. Mi futuro… ¿Acaso existe? Será oscuro, vacío, demente, inerte.

Estoy sentenciado a amarte eternamente, aún con mis dudas y miedos, aún con tu ausencia, aún con mi desgano, aún con tu silencio, aún después de tu partida. Para consolarme hago vivos los recuerdos que tengo contigo, y entonces mi vida ya no es real sino ficticia. Sin embargo en la ficción también se siente el sufrimiento, ese peso de tu abandono.

Te espero, a pesar de todo te espero, porque eres tú quien podrá darme libertad, nadie más. Cuando se entrega el corazón completo, ya no queda espacio en él para nadie excepto para quien lo posee, no importa que se desangre.

Gota a gota voy apagándome, hundiéndome en la cárcel de mis incertidumbres, muriéndome de amor, aún pensando en tu regreso, aún pensando en mi salvación.

Si no vuelves, seré prisionero sentenciado a muerte por amor, muero por ti que me enseñaste a vivir y a sentir.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Amar no es causa perdida


Hay días en los que el mundo me parece incomprensible, algo tan denso que pierde toda forma, color y magia.

Por extrañas circunstancias, mientras intentaba dormir en la noche, todas mis fuerzas me abandonaron, toda mi energía se fue detrás de un alma todavía más triste que la mía. Espero que sirva de algo todo lo que estoy dispuesto a hacer.

No hay nada qué hacer cuando la memoria empieza a fallar, cuando la duda acecha callada, cuando en medio de la noche la cama se congela, todos los sueños se van, y la oscuridad – la más negra – envuelve a un ser en completa incertidumbre.

Aún así quiero ser valiente, aún así quiero seguir luchando por aquello que creo justo y conveniente. Hoy el sol entró por la ventana de mi habitación, hoy el día brilla con claridad, pero sigo sin fuerzas. Algo más poderoso me tumba, sin embargo mi promesa es contundente y aunque estuviera a punto de morir seguiré luchando.

Esa lucha no será por mí, pero tengo motivos de peso para luchar. Tengo una sola razón para hacerlo: libertad. No la mía, ya la tengo.

Quiero libertad para un corazón prisionero que aunque ama, teme hacerlo de verdad. Es un corazón noble que sin mancha alguna, se siente sucio. Es un corazón herido, debilitado por las presiones, confundido por culpa de un torbellino de emociones. Es un corazón que amo y que lucha por amarme o dejarme, es un corazón que lucha por ser libre.

¡Pobre corazón! ¡Pobre alma! ¡Pobre ser! Que todavía recibiendo amor se siente miserable. Pero más miserables son aquellos que por soberbia humillan y van por la vida hiriendo injustificadamente; por ellos nos sentimos escoria, pero por ellos seremos fuertes, tan fuertes para vencer. Ellos son nuestros propios miedos hechos carne, todo aquello de lo que nos debemos deshacer.

Cada ser es dueño de su propio destino, cada quien es el protagonista de su propia historia. ¿Acaso creen que alguien en el universo puede dominar sobre el corazón de otro a la fuerza?

Aunque en un acto desesperado intentemos cambiar nuestra propia esencia para complacer a otros, en el fondo sabemos lo que somos y queremos. Ahí está el dilema, debemos tomar una decisión: cambiar para complacer a otros, o seguir siendo quienes somos a pesar de ser juzgados, señalados, perseguidos y rechazados.

¿Y qué hay del amor? Sólo cuando una persona tiene suficiente amor propio, es capaz de amar y luchar por otra, sin importar lo que pase, sin importar que duela, sin importar que puede perderlo todo en esa lucha; pues si duele es buena señal, si se pierde todo al menos queda la certeza de una lucha. Cuando hay amor verdadero, podrán interponerse murallas y océanos entre dos personas, pero su amor seguirá vivo. El amor nunca muere, sólo se transforma.

Cuando hay suficiente amor, se puede transformar en amistad, compañía, comprensión, libertad, sacrificio, incluso muerte o abandono. No hay acto de amor más grande que luchar por quien quieres, morir por quien quieres o dejar ir a quien quieres. Paradójicamente quienes menos reciben amor son quienes más aman.

Algunos tienen una idea romántica sobre el amor, creen que con el hecho de pasar una noche, bailar juntos y darse un beso, ya todo está dado. Pues se equivocan; es en los momentos críticos, cuando la desesperanza azota, cuando la costumbre cansa y el dolor llega, ahí en verdad pueden saber si realmente se trata de amor o un simple capricho.

Eso lo tengo claro porque ya sé diferenciar un capricho de un sentimiento verdadero, yo no lucharía tanto por un capricho. He aprendido a comprender tanto al amor, que ahora sé que puedo amar porque sí, que puedo amar cuando no me amen, que puedo amar desinteresadamente y fielmente, así tenga que luchar una y mil veces contra fantasmas, tormentos, confusiones y lágrimas; porque amar, más allá de exigir que ese amor vuelva a mí es hacer a la otra persona libre, porque el amor es para hacernos libres.

Todos anhelamos libertad, aún cuando muchos ni siquiera han sido prisioneros por amor ni por nada. Es cuando sentimos que algo oprime nuestro pecho, cuando no pensamos con claridad, cuando todo se vuelve en contra, cuando todo nos hace daño, cuando deseamos amar y ser amados pero no podemos, cuando intentamos sobrevivir y seguir adelante pero retrocedemos; es ahí cuando decimos que somos prisioneros. No hay nada más terrible que ser prisionero de uno mismo. 

Si nosotros mismos no nos liberamos, nadie más lo hará por nosotros aunque lo intente un millón de veces. Sin embargo, yo tengo la convicción de que podré darle libertad a ese pobre corazón que siento que me necesita, que sin ser del todo mío está unido a mí. Lo único que necesito es voluntad y tiempo.

El mejor amigo del amor es el tiempo, pues con el tiempo veremos si ese amor que ha nacido es verdadero y de qué está hecho. Aunque suene increíble, detrás del amor se esconde aún algo más profundo y cada persona en el mundo debe descubrir qué es.

Amar no es una causa perdida, porque cuando conocemos el verdadero sentido de amar sabemos que vale la pena porque es lo único que nos hace libres. Podremos tenerlo todo, pero si no tenemos amor no valemos nada. Si no somos capaces de amar y dejarnos amar, la vida misma será una causa perdida.

Yo he perdido muchas causas por las que he luchado; pero nada ni nadie hará que pierda mi lucha por amar, aún solo, aún lejos, aún en silencio, aún invisible, aún en medio de recuerdos, aún olvidado, aún muerto.

Gastaré todas mis fuerzas en amar, pues ya soy libre y te haré libre, no importa lo que pase conmigo...

sábado, 4 de febrero de 2012

VIDA


Esta noche he vuelto a sentir realmente mucho miedo, cada vez se hace más fuerte y me aprisiona tanto que mi respiración se corta y parezco ahogarme en mi propio llanto.

La gente dice que he cambiado y yo me siento igual, al contrario siento que la gente es la que ha cambiado, viven cambiando. Un día te aman, al otro te odian, un día te aceptan, al otro te rechazan, un día te besan, al otro te traicionan, un día están y al otro se van.

Siempre he sido el mismo, yo y mis pensamientos, mis sentimientos, mis actos, mis decisiones, dudas y certezas. Todo es igual en mí, nada ha cambiado.

Sin embargo tengo una sensación extraña esta noche; siento que ya no soy yo, que hoy he dejado de existir y de creer en el futuro, en un futuro mejor. Es como si no hubiera futuro, como si en su lugar hubiera un gran abismo en el que caeré cada mañana al despertar.

Aunque pida fortaleza, aunque intente tener voluntad, aunque sea feliz por momentos, siempre llegan fantasmas, recuerdos, realidades y contextos que hacen cambiar mi ánimo tan repentinamente que no comprendo de sentidos ni mucho menos estas realidades tan cambiantes.

No obstante, mi realidad sigue intacta, todo en mí está intacto. A veces pienso tantas cosas raras y digo cosas raras que después ya no sé cómo explicar, pero mi esencia no va a cambiar.

Quizás mañana no me dé miedo despertar y pararme frente al abismo. Tal vez construya un puente o intente volar para llegar al otro lado. Sólo tengo que tomar el impulso necesario para respirar hondo, mirar hacia adelante, seguir sonriendo y vivir, simplemente eso, sin pensar, sólo sintiendo... Con el corazón.

jueves, 2 de febrero de 2012

EL NOVIO DEL OLVIDO


Escribo para declarar el abandono en el que me ha dejado el más absurdo, corto, cruel, inevitable e intenso amor.

Siempre creí que quienes sufrían por amor eran tontos, hoy soy un tonto más que sufre por amor; ese mundo antes desconocido para mí, pero llamativo. Cuando conocí el amor comprendí muchas cosas del ser humano, luego todo se volvió tan complejo que terminé por confundirme más y llegar así nuevamente a la soledad.

Sonrisas, momentos, mariposas, besos, recuerdos que van muriendo lentamente con el pasar de las horas. Preguntas que no tienen respuestas, lágrimas que no encuentran consuelo, amargura con sabor a decepción, silencios y suspiros que se ahogan en pensamientos, así es el amor.

Ahora sé que no debo volver a hacer nada por alguien diferente a mí; eso de entregarse sin medida es más bien un acto suicida que satisface sentimientos de placer, despecho, pasión, consuelo, compañía, pero raras veces llena tanto como el amor.

El problema está en que la gente confunde al amor con otros sentimientos y cuando se desconfunde (yo diría más bien que cuando se confunde más) entiende que el amor es algo tan sublime que no merece engaños, máscaras ni disfraces. Por eso no existe amor sincero, porque todo el mundo tiene algo que ocultar; es decir, se oculta en el rostro bondadoso del amor para no mostrar su miedo, odio, despecho o deseo y a eso lo llaman amor.

Yo cuando tengo miedo digo que tengo miedo, lo mismo sucede cuando odio, deseo y amo; por eso raras veces digo “te amo” porque cuando lo digo lo hago con el corazón. Todo lo he hecho con el corazón, hasta las cosas malas. A todo le pongo corazón, la razón la dejo para cosas menos importantes.

Hoy quiero deshacerme de todo: mis pensamientos (muy vagos por cierto), mis sentimientos, mi pasado, mis sueños y pesadillas, mis dilemas, mis certezas, mi presente. El futuro no lo quiero escribir.

Soy un fantasma que se desvanece entre la gente sin comprender por qué hacen lo que hacen. Raras veces alguien puede verme, entonces intento hacer algo, un comienzo que me ayude a comprender, a sentir, no tanto a pensar, sólo a sentir. Lo paradójico es que siento, pero son sentimientos contrarios que chocan, se confunden, se pierden y mueren en el olvido.

El olvido, ese personaje que se queda con todo lo que se abandona, lo que no sirve, lo que no se recuerda, lo que no se quiere, lo que hace daño; hoy vino a mí ese olvido y me propuso ser su novio. Al parecer quiere que yo haga parte del olvido, que todos me olviden y yo olvidarme de todos y de todo.

Me voy con el olvido, no hice maletas, no compré tiquete de regreso, no quiero reparar mis pensamientos y mucho menos mis sentimientos. Me olvido hoy del tiempo, del pasado, del presente, del futuro, del amor, del odio, de la amargura, de la vida, de la gente, de mí…

Seré eternamente el novio del olvido, me quedaré en ese lugar de donde nunca debí salir. Me ocultaré de todo porque de ahora en adelante me convertiré en el olvido mismo, en el novio del olvido.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

CARTA ABIERTA A UN MOTOCICLISTA

Señor motociclista, imagine que usted es un peatón mientras que lee esto. Olvídese por un momento de que tiene moto, de que sabe conducir y visualícese caminando por la ciudad.


Es una tarde soleada de viernes y piensa encontrarse con su novia en el Parque San Antonio, en el centro. Como es un buen peatón, para cruzar la Avenida Oriental, se va hasta una esquina y espera a que el semáforo peatonal  cambie a verde. Mientras aguarda, transcurren dos o tres minutos en los que pasan y pasan carros y motos a alta velocidad, excediendo los límites y usted se queda aterrado al ver cómo una céntrica avenida de la ciudad se convierte en una pista de carreras de autos.


Por fin el semáforo peatonal cambia a verde, espera a que se detengan todos los autos y cruza por la cebra. Pasa despacio, sin afán, confiado de que está seguro en la vía. A lo lejos se escucha un ruido, un zumbido que se siente cada vez más cerca. De pronto aparece al frente suyo una moto que es conducida a más de 100 kilómetros por hora, el conductor no alcanza a frenar en el semáforo y se lo lleva por delante.


Su corazón y sus nervios se agitan mientras cae al suelo sintiendo un profundo dolor en todo el cuerpo; el motociclista cae unos metros más adelante, la gente grita, los carros pitan y frenan y usted pierde la consciencia por unos minutos.

Cuando despierta se ve rodeado de gente que hace gestos de lástima, que lo están socorriendo mientras que usted se pregunta ¿qué pasó?. El dolor en su cadera le hace recordar que hace un momento fue atropellado por una motocicleta.


En un grito desgarrador maldice a todo el mundo y en especial al conductor de la moto, por no respetarlo como peatón sabiendo que el semáforo estaba en rojo y usted cruzaba por la cebra.


Se oyen las sirenas de las ambulancias cada vez más cerca, hasta que llegan, trasladan a los dos al hospital y el diagnóstico no es nada alentador. Para el motociclista, seis meses de incapacidad por fractura en pierna izquierda y para usted, un peatón inocente que cumplía correctamente las normas de tránsito, invalidez de por vida por una fractura en la columna que hizo que se desviara impidiéndole volver a mover de nuevo sus piernas.


¿Cómo se sentiría usted o qué pensaría si de verdad le sucediera algo semejante?. Ahora vuelva a la realidad, conviértase nuevamente en motociclista, en ese motociclista que atropelló a aquel peatón ¿cómo se sentiría al saber que dejó invalido de por vida a alguien?.


Casos como este son más comunes de lo que usted piensa. Todo se debe al exceso de velocidad, desconocimiento de las normas, malas decisiones, imprudencia, poca educación vial.


Señor motociclista, recuerde que en zonas urbanas usted no puede conducir a más de 60 kilómetros por hora, debe utilizar sólo un carril y transitar detrás de los demás vehículos, sin maniobras de zigzag o adelantamiento. Recuerde además que los peatones son los primeros en la vía, tienen prelación y por lo tanto hay que respetarlos. Nunca debe invadir su zona de paso (las cebras) y además cuando esté a punto de llegar a un cruce debe reducir la velocidad a 30 kilómetros o menos.


Tenga presente que decisiones como estas pueden salvar muchas vidas, así como las malas determinaciones que usted tome en la vía pueden afectar la salud y la calidad de vida suya o de los demás usuarios de las vías públicas.


La solución está en todos, depende de cada quien de qué lado quiere estar, si del lado de la vida o la muerte. La vía es eso: un camino que lo puede llevar a disfrutar lo hermoso que tiene la vida, como encontrarse con su novia en un parque; o ser un camino que lo lleve rumbo a la desgracia, a la sombra, o en el peor de los casos al cementerio.


Por el bien de todos no arruine su vida ni la de los demás, conduzca con precaución y recuerde que usted es importante para alguien. Quédese en este mundo y permita también que otros lo sigan disfrutando.


miércoles, 19 de octubre de 2011

EL TESTAMENTO

Ha muerto el vallenato, ese ritmo tradicional de nuestra tierra que entre acordeones y letras contaban historias de nuestra raza, de nuestros ancestros, de nuestra cotidianidad.

Desde que se creó, ha acompañado las parrandas de costeños, cachacos, vallunos, paisas, de locales y extranjeros que encontraron en esa combinación de ritmos el pretexto ideal para mover caderas y pies, entonando líricas referentes a la tierra, al amor, al desamor, a las cosas sencillas.

Un poco más de un siglo, el vallenato fue el consentido de la casa con exponentes como Alejandro Durán, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales, Rafael Orozco y el inconfundible e inolvidable Rafael Escalona quien inmortalizó letras como El testamento, honda herida, la mala suerte y la utópica, romántica y voladora casa en el aire, que por el cielo le ha dado la vuelta al mundo.



Traducida en por lo menos 5 idiomas y combinada en aproximadamente 8 ritmos, esa casa en el aire se convirtió en el emblema de quienes no nos cansamos de soñar con alcanzar el cielo, vivir alto, sin dejar de ser sencillos, alimentando nuestros sueños.

Sin embargo, esa casa en el aire parece derrumbarse mientras otros ritmos más agresivos se abren paso. Ritmos que no son nuestros, están desplazando las raíces propias hacia el más recóndito rincón del olvido donde no hay testamento que valga, donde no se pueden construir más casas en el aire.

Entonces nos queda una honda herida y sentimos que la mala suerte ha llegado al escuchar cada vez menos la magia del acordeón que hace esfuerzos gigantes por hacerse notar en manos de Alfredo Gutiérrez, Lisandro Mesa, Jorge Celedón y hasta el mismo Pipe Peláez quienes todavía se preocupan por componerle letras a la parranda, al terruño, a un borracho, a una mujer, a una madre, a Colombia, a un santo, a un tren, a un cafetal, a esta vida, al amor más grande del planeta, a un hijo de tuta, a soledad.



No como otros cantautores que se dicen vallenatos, por ejemplo, Carlos Vives que abandonó por completo sus raíces para hacer un pop con acordeón igual que Fonseca, Silvestre Dangond, el Binomio de Oro y otras tantas agrupaciones, que en su mejor época fueron grandes exponentes del vallenato puro y que ahora, absorbidas por lo comercial, cambian la guacharaca, el acordeón y la caja por guitarras, baterías y mezclas digitales que hacen que ese ritmo que encantó a muchos pierda toda magia y no le quede más remedio que morir entre telarañas y polvo, esperando a que alguien lea el testamento, ese de Escalona y haga cumplir lo que en él está escrito: “que te habla de aquel inmenso amor que llevo dentro del corazón y dice todo lo que yo siento, que es pura pasión y sentimiento, cantando con el lenguaje grato que tiene la tierra de Pedro Castro”.

viernes, 14 de octubre de 2011

SUEÑOS DE AMOR

Hablar, escribir o pensar sobre amores no es tarea fácil. Eso se siente, se siente tan adentro que en ocasiones es difícil expresarlo, exteriorizarlo.

Sin embargo, cuando uno se enamora ni siquiera cae en la cuenta de ello porque es un sentimiento sutil que poco a poco se va apoderando de ti. Comienza por tus piernas que tiemblan cada vez que observas a esa persona, sigue por tus pupilas que se dilatan y brillan como lucecitas de navidad, el corazón se agita, la boca sonríe, las manos sudan, el estómago se retuerce y el mundo desaparece.

Mas cuando es un amor prohibido o mal correspondido, uno se enferma y siente que puede llegar a morir de amor.

Pero ¿qué es el amor? Es ese algo que nos hace sentir vivos, que despierta nuestro romanticismo, que nos hace torpes, que nos lleva a soñar, a creer que todo puede suceder y uno se siente capaz de hacer realidad los sueños, esos sueños de amor.

Y es que eso es el amor: un sueño, pero uno tan mágico que sólo los puros de corazón, los que aman de verdad, desmedidamente, pueden llegar a conocer. El amor no se mira con los ojos exteriores, se mira con los del alma, se toca con las manos del espíritu, se siente correr por las venas, se dice con la mirada, se expresa con la boca, con el cuerpo, con el corazón, con el alma.

Y si mi alma, corazón, cuerpo, boca y ojos quieren expresar todo el amor que siento ¿qué de malo tiene decir que te amo?